Piedra y Agua
Piedra y Agua nace de una relación prolongada con el río Guadiana y con Sanlúcar de Guadiana. El proyecto transforma las ruinas de un antiguo puesto fronterizo en una vivienda que acompaña una forma de vida ligada al viaje. Concebida inicialmente como un refugio entre travesías, la casa consolida lo existente reutilizando los restos originales y llevando a cabo una intervención mínima que permite que la memoria del lugar, el paso del tiempo y la experiencia cotidiana se entrelacen de manera natural.
Piedra y Agua se construye sobre las ruinas de un antiguo puesto fronterizo de la Guardia Civil de finales del siglo XIX, situado junto al Guadiana, en el límite entre España y Portugal. El proyecto conserva esta huella (el perímetro de piedra, las aspilleras y la memoria del lugar) sin reconstruirla como un objeto histórico. La ruina se convierte en este caso en la estructura física y espacial de una nueva vivienda.
La intervención consolida la construcción existente y añade únicamente lo necesario. Exteriormente, lo antiguo y lo nuevo permanecen reconocibles mediante la mampostería encalada y los nuevos revocos blancos. La cubierta se inclina contra la pendiente natural: se cierra hacia el camino para proteger la intimidad y se eleva hacia el Guadiana, donde un único gran hueco enmarca el río.
En el interior, la vivienda se organiza como una secuencia continua, sin puertas. La privacidad aparece gradualmente mediante el espesor de los muros, sus alineaciones y la orientación de las vistas. La casa funciona así como un refugio protegido y, al mismo tiempo, como una prolongación de los caminos y espacios exteriores que conducen hacia el río.
Un presupuesto reducido y un acceso difícil determinan una economía radical de medios. La reutilización se plantea como método desde el inicio: muebles encontrados, electrodomésticos existentes y sobrantes de otras obras conviven con elementos construidos a partir de los mismos materiales de la casa. Las vigas del techo forman también la escalera y parte de la cocina; el material del suelo construye encimeras, duchas y lavabos. La continuidad surge de hacer mucho con poco.
Las estrategias ambientales siguen esa misma lógica elemental: masa térmica, sombra, aislamiento, ventilación cruzada y orientación, sin aire acondicionado. La casa acepta el clima en lugar de aislarse de él.
Piedra y Agua propone una reflexión contemporánea sobre cómo vivir en el sur. Frente a una arquitectura cada vez más desvinculada del clima y convertida en imagen, la casa recupera una relación física con la sombra, el calor, la materia y el paisaje. No como folklorismo andaluz, sino como búsqueda de una manera contemporánea y precisa de habitarla.
Créditos
Equipo:
Manuel Silva Zurita, Kalibra Arquitectura (Simone Lorenzon y Valeria Polato
Fotografía: Ulrich Stockhaus